Lo que se Avecina.

Antes, hace 50 años, los productos se valoraban por sus características.

Por sus elementos más tangibles.

Tenían que ser robustos, resistentes, durar mucho tiempo…

Poco importaba su diseño.

Los coches tenían formas cuadradas y su carrocería hecha con gruesas y pesadas chapas.

Pasamos poco a poco a valorar elementos más intangibles, como la estética, y lo que cada objeto representaba en cuanto símbolo.

Empezamos a fijarnos en las marcas que pasaron a tener más importancia que el objeto en si.

Una marca transmitía confianza y añadía valor solo por lo que representaba.

A veces un valor muy alto comparado con el coste de venta del objeto similar sin marca.

Las marcas se inflaron tanto que empezamos a sentirnos engañados.

Engañados porqué detrás del logo había solo humo y poca diferencia verdadera que justificara un precio tan elevado.

La situación económica delicada nos mostró una cruda realidad.

Ahora empezamos a valorar la esencia de las cosas y queremos que tengan contenido. Queremos que exista una proporción entre lo que pago y lo que recibo.

Los Valores vuelven a cobrar la Importancia perdida en el tiempo.

Reclamamos como consumidores más Integridad, Respeto, Autenticidad.

Queremos camareros que nos reciban con un gesto sincero que no sobreactúen, que sonrían de verdad porqué se alegran al vernos.

El Resto es conseguir alinear la marca con las personas tanto dentro como fuera de la organización.

Conseguirlo significa lograr que nuestros empleados sientan que están haciendo algo más que un trabajo o una función mecánica.

Conseguirlo significa que Nuestros Clientes Vivan una Experiencia Autentica que les llena y les hace adorar Nuestro Negocio.

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